María Andresa Casamayor: la matemática que tuvo que ocultar su nombre
NolaOlvidesHay nombres que la historia pronuncia en voz alta y otros que apenas susurra. Durante siglos, el de María Andresa Casamayor fue uno de esos susurros. Sin embargo, detrás de ese silencio había una joven brillante, decidida, capaz de comprender los números con una claridad poco común y de convertir ese conocimiento en un libro cuando apenas tenía 17 años. Su historia no es solo la de una matemática. Es la historia de una mujer que escribió ciencia en un tiempo que no esperaba que lo hiciera.
La biografía de María Andresa Casamayor nos sitúa en la Zaragoza de 1720. Allí nació esta matemática y maestra que pasaría a la historia como la primera mujer en España en publicar un libro científico. Su obra, Tyrocinio arithmetico, apareció en 1738 y estaba dedicada a la enseñanza práctica de la aritmética, especialmente útil para el comercio. En pleno siglo XVIII, en un contexto donde las mujeres apenas tenían acceso a la educación formal, su publicación fue un acto de audacia intelectual. Hoy su nombre ocupa un lugar imprescindible en la historia de mujeres influyentes en la ciencia y en la educación.
María Andresa nació en el seno de una familia de comerciantes franceses asentados en Zaragoza. Creció en un entorno donde los números formaban parte de la vida cotidiana. Las cuentas, los intercambios y la precisión eran esenciales en el mundo mercantil. Ese ambiente marcó su mirada desde muy joven. Aunque la educación femenina era limitada, recibió formación en lectura, escritura y cálculo. Pero lo que en otras niñas podía ser aprendizaje básico, en ella se convirtió en vocación. Mostró una capacidad excepcional para comprender y explicar operaciones matemáticas. Su mente no solo resolvía problemas: los ordenaba con claridad pedagógica.
Con apenas 17 años redactó su tratado de aritmética. No era un cuaderno privado, era una obra pensada para publicarse. El contexto no le era favorable. Las mujeres no accedían a la universidad, no ocupaban espacios científicos y no firmaban libros técnicos. Aun así, escribió. Y publicó. Para hacerlo tuvo que recurrir a un seudónimo masculino: “Casandro Mamés de la Marca y Araioa”, un anagrama perfecto de su propio nombre. Ese gesto revela tanto su inteligencia como las barreras sociales que la obligaron a ocultarse.
En 1738 vio la luz Tyrocinio arithmetico, Instrucción de las quatro reglas llanas. Era un manual claro, práctico y accesible, centrado en las operaciones básicas necesarias para la vida comercial. No era un tratado abstracto. Era útil. Directo. Didáctico. La obra demuestra que María Andresa no solo dominaba las matemáticas, sino que comprendía la importancia de enseñarlas con claridad. Ese enfoque pedagógico fue una de sus grandes aportaciones. Sin embargo, su vida no fue sencilla. Tras la muerte de su padre y las dificultades económicas familiares, su situación cambió drásticamente. Terminó ejerciendo como maestra de niñas en Zaragoza. Lejos de abandonar su vocación, la transformó en enseñanza diaria.
El impacto histórico de María Andresa Casamayor no se mide únicamente por su libro, sino por lo que representó. Fue una mujer que se atrevió a pensar en voz alta en una época que no escuchaba a las mujeres. Publicó ciencia cuando la ciencia no tenía rostro femenino. Su nombre quedó enterrado durante siglos. Su obra cayó en el olvido hasta que investigadores del siglo XX la rescataron. Ese rescate no solo devolvió un nombre a un libro, sino que corrigió una omisión histórica.
María Andresa vivió en plena Ilustración española, un periodo que promovía la razón y el conocimiento. Sin embargo, ese impulso ilustrado apenas abrió espacio a las mujeres en el ámbito científico. Contó con el respaldo de figuras intelectuales que avalaron la publicación de su obra, lo que confirma que su talento era reconocido por quienes supieron verlo. Aun así, no lideró movimientos ni tuvo tribunas públicas. Su influencia fue más silenciosa, más íntima. Desde el aula y desde las páginas de su tratado, contribuyó a la difusión del conocimiento matemático en su entorno. Su existencia es una prueba de que las mujeres formaron parte activa del desarrollo científico, aunque muchas veces la historia no las mencionara.
El legado de María Andresa Casamayor sigue creciendo hoy. Su figura se ha convertido en referente cuando hablamos de mujeres matemáticas en España y de la recuperación de la memoria histórica femenina. Calles, centros educativos e investigaciones académicas llevan su nombre. Pero su legado va más allá del reconocimiento institucional. Está en la inspiración que provoca su historia. En la certeza de que el talento puede sobrevivir al silencio. En la convicción de que recuperar estas biografías no es una moda, sino una responsabilidad. La biografía de María Andresa Casamayor es parte esencial de la historia de mujeres influyentes que cambiaron su tiempo aunque no siempre recibieran crédito por ello.
María Andresa Casamayor escribió cuando no debía. Publicó cuando no era habitual. Enseñó cuando la vida la obligó a reinventarse. Y todo lo hizo con una claridad que atraviesa los siglos. Su historia nos recuerda que muchas mujeres no fueron invisibles por falta de talento, sino por exceso de barreras. Al recuperar su nombre, ampliamos nuestra comprensión del pasado y fortalecemos el presente.
Que su firma, aquella que tuvo que ocultar, permanezca ahora visible. Que su legado no vuelva a desaparecer.
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