La otra historia de Roma: las mujeres que influyeron en el Imperio
Cuando pensamos en la Roma imperial, casi siempre aparecen los mismos nombres: emperadores, generales y grandes estrategas. Augusto, Tiberio o Nerón ocupan el centro del relato histórico. Pero la historia de Roma no se sostiene solo sobre ellos. El historiador Guy de la Bédoyère, en su libro Domina. Las mujeres que construyeron la Roma imperial (Pasado & Presente), propone mirar el Imperio desde otra perspectiva: la de las mujeres que estuvieron cerca del poder y que influyeron en él mucho más de lo que la historiografía tradicional ha reconocido.
La palabra domina significa “señora” o “dueña”. Y ese término resume bien la idea central del libro. Aunque las mujeres romanas no podían ocupar cargos políticos ni participar formalmente en el gobierno, muchas ejercieron una influencia real en las decisiones políticas, en las alianzas familiares y en la continuidad de las dinastías.Buena parte del relato se centra en las mujeres de la dinastía Julio-Claudia, el linaje que gobernó Roma desde Augusto hasta Nerón. Aquí aparecen figuras conocidas —aunque muchas veces distorsionadas por las fuentes antiguas— como Livia, Octavia, Agripina o Mesalina. El libro intenta apartar el ruido de los rumores y observar con más calma cuál fue realmente su papel.
Entre todas ellas destaca Livia Drusila, esposa de Augusto. Durante décadas fue una presencia constante en el entorno del primer emperador romano. No gobernó formalmente, pero su influencia política fue evidente. De la Bédoyère muestra cómo Livia participó activamente en la construcción de la nueva dinastía imperial. Su papel fue clave para consolidar la sucesión que llevaría al poder a su hijo Tiberio. Sin embargo, los historiadores romanos —especialmente Tácito— la retrataron con frecuencia como una mujer intrigante. El libro invita a leer esas fuentes con cautela. Muchos autores antiguos desconfiaban profundamente de las mujeres cercanas al poder y no dudaban en atribuirles ambición o manipulación.
El recorrido continúa con Octavia, hermana de Augusto. Durante siglos fue presentada como el ejemplo perfecto de matrona romana: discreta, fiel y virtuosa. Pero su matrimonio con Marco Antonio fue también una pieza clave dentro de la compleja política de alianzas que siguió a las guerras civiles. Muy diferente es el caso de Agripina la Menor, una de las mujeres más fascinantes del libro. Madre del emperador Nerón, Agripina fue una figura política formidable. Supo moverse con habilidad en un entorno lleno de conspiraciones y rivalidades familiares. Durante un tiempo ejerció una influencia directa sobre el gobierno de su hijo. Y luego aparece Mesalina, esposa del emperador Claudio. Su fama escandalosa ha atravesado los siglos. Las fuentes romanas la describen como libertina y manipuladora. De la Bédoyère analiza con cuidado esos relatos y plantea una pregunta incómoda: ¿cuánto hay de propaganda política en esa imagen?
Aunque el libro se centra en la Roma imperial, también recuerda que las mujeres romanas desempeñaron papeles decisivos en momentos clave de la historia de la ciudad. Uno de los episodios más llamativos es el relacionado con Coriolano, el general romano que, tras ser expulsado de Roma, regresó al frente de un ejército enemigo para sitiar la ciudad. Según las fuentes antiguas, ni las negociaciones ni las delegaciones oficiales lograron detenerlo.
Quienes finalmente consiguieron hacerlo fueron las mujeres de su familia.
Su madre, Veturia, y su esposa Volumnia encabezaron una delegación de mujeres romanas que acudieron a su campamento. Allí le suplicaron que no atacara su propia ciudad. La escena, transmitida por historiadores como Tito Livio, muestra hasta qué punto la autoridad moral de las mujeres podía ser decisiva incluso en situaciones políticas extremas. Coriolano terminó retirándose. Si quieres conocer más lo que pasó puedes hacerlo escuchando este episodio del pódcast “Locos por los clásicos” de Radio Nacional de España, dedicado precisamente a la figura de Coriolano, donde se explica con detalle este momento de la tradición histórica romana y el papel fundamental que desempeñaron estas mujeres.
Otro momento significativo de la historia romana fue la protesta contra la Ley Oppia en el año 195 a. C. Esta ley, aprobada durante la Segunda Guerra Púnica, limitaba el lujo femenino. Cuando la guerra terminó, muchas mujeres consideraron injusto que la norma siguiera vigente. Las romanas salieron a las calles, ocuparon los accesos al Foro y presionaron a los magistrados para que la ley fuera abolida. Finalmente lo consiguieron. Fue una de las pocas ocasiones en las que las mujeres intervinieron de forma visible en la política de la República.
En esa misma tradición encontramos figuras como Hortensia, hija del célebre orador Quinto Hortensio. En el año 42 a. C. pronunció un discurso público contra un impuesto que el Segundo Triunvirato quería imponer a las mujeres ricas de Roma, logrando reducir su alcance. También conocemos casos como Afrasia, que defendió su causa personalmente ante los tribunales, o Amesia Sentia, que asumió su propia defensa en un juicio y fue absuelta entre los aplausos del público.
Uno de los aspectos más interesantes de este libro es la importancia de la línea materna en la política romana. En las dinastías imperiales, las madres, esposas y abuelas podían reforzar la legitimidad de un heredero. Muchas de estas mujeres actuaron como consejeras, mediadoras y guardianas de la continuidad familiar. Tuvieron que navegar intrigas, rumores y conspiraciones en un sistema político que no les concedía poder formal.
Leer Domina tiene algo de ejercicio de justicia histórica. Durante siglos hemos aprendido la historia de Roma como si hubiera sido construida exclusivamente por hombres. Pero basta acercarse a las vidas de Livia, Octavia, Agripina o Mesalina para comprender que la realidad fue mucho más compleja. El Imperio romano también se sostuvo sobre la influencia, la inteligencia política y la capacidad de resistencia de muchas mujeres.
El propio Guy de la Bédoyère reconoce con claridad que un libro como Domina no surge de la nada. Forma parte de una larga tradición de estudios que, durante décadas, han intentado recuperar la presencia de las mujeres en la historia de Roma. Investigadores e investigadoras han revisado fuentes antiguas, cuestionado interpretaciones tradicionales y devuelto protagonismo a figuras que durante mucho tiempo quedaron relegadas a un segundo plano. El autor reconoce ese trabajo previo y lo integra en su propio análisis. En cierto modo, Domina es también un homenaje a esa labor historiográfica colectiva que ha permitido mirar el mundo romano con una perspectiva más completa y más justa.
Y cuando uno termina el libro queda una sensación clara: Roma no se entiende del todo si no escuchamos también la historia de sus dominae.
nolasolvides#




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