Te voy a ser muy sincera: hay nombres que deberían estar muchísimo más presentes cuando hablamos de ciencia en España, y Gertrudis de la Fuente es uno de ellos. Porque sí, hablamos de grandes avances, de laboratorios, de universidades… pero a veces se nos olvida quién sostuvo todo eso con trabajo silencioso, rigor y una cabeza privilegiada. Gertrudis fue una de esas personas.
Y no, su historia no es “bonita” en el sentido fácil. Es mejor que eso: es una historia real. Con obstáculos, con esfuerzo, con momentos duros y con logros enormes. Hoy quiero contarte la biografía de Gertrudis de la Fuente, una científica española fundamental en la bioquímica y la enzimología, vinculada al CSIC y con un papel clave en un episodio crítico de salud pública: el síndrome tóxico del aceite de colza.
Si estás buscando una historia de mujeres influyentes con impacto histórico de verdad (no solo inspiracional), aquí la tienes.
Mi opinión, sin rodeos: Gertrudis merece estar en cualquier conversación seria sobre ciencia española del siglo XX. Gertrudis nació en Madrid y pasó parte de su infancia en un entorno ferroviario en Cáceres. Y aquí conviene poner contexto, porque si no parece que todo fue “normal” y no lo fue.
Estamos hablando de una época en la que a una niña con ganas de estudiar se le ponían límites desde muy pronto. Lo habitual era otra cosa. Así de simple. Aun así, ella insistió. Quiso estudiar más, aprender más, llegar más lejos. Y eso le costó incomprensión, rechazo y dificultades en la escuela. Vamos, que no le regalaron nada. Luego llegó el regreso a Madrid, la Guerra Civil y la interrupción de los estudios. Un frenazo enorme. Pero no se quedó ahí. Terminó el bachillerato y siguió adelante hasta licenciarse en Ciencias Químicas en la Universidad Complutense. Y ahí empezó la historia que de verdad me interesa reivindicar: la de una mujer que se mete de lleno en una disciplina compleja cuando casi nadie esperaba eso de ella.
Para mí, este tramo de su vida tiene una lección clarísima: a veces la diferencia no la marca “el talento natural”, sino la capacidad de seguir cuando todo te invita a abandonar. Gertrudis se doctoró y desarrolló una carrera científica sólida, con aportaciones importantes en enzimología. Trabajó en investigación experimental de alto nivel y ayudó a consolidar la bioquímica moderna en España. Su aportación fue especialmente valiosa en un punto clave: conectar la bioquímica con la práctica médica. Dicho en lenguaje de calle: ayudó a que lo que pasaba en el laboratorio sirviera para entender mejor lo que pasaba en los pacientes.
Eso hoy nos parece lógico. En su momento, hubo que empujarlo. Y ella lo empujó.
Aportaciones clave de Gertrudis de la Fuente
- Referente en enzimología en España.
- Impulso de la bioquímica médica.
- Formación de profesionales del ámbito clínico y científico.
- Trabajo institucional y académico en torno al CSIC y la universidad.
- Contribución científica en una gran crisis sanitaria nacional.
En 1981, durante la crisis del síndrome tóxico del aceite de colza, Gertrudis de la Fuente asumió la coordinación de la investigación científica. Y esto, sinceramente, me parece impresionante. Porque una cosa es tener currículo. Otra muy distinta es estar al frente cuando hay presión social, incertidumbre y necesidad de respuestas urgentes. Ahí se ve el calibre de una científica.
Su relación profesional con Alberto Sols fue decisiva para el desarrollo de la bioquímica y la enzimología en España. Formó parte de un núcleo científico que impulsó estructuras, investigación y docencia en un momento clave. Y esto me parece importante decirlo: cuando contamos estas historias, no estamos contando solo una carrera individual. Estamos contando cómo se construye una disciplina en un país.
Gertrudis pertenece a esa generación de mujeres que no solo hicieron su trabajo, sino que abrieron camino para que otras pudieran hacerlo después con algo más de espacio. No digo que les allanaran el terreno; digo que ellas fueron quienes empezaron a allanarlo. El legado de Gertrudis de la Fuente sigue vivo porque su impacto fue múltiple: Su trabajo ayudó a consolidar la enzimología y la bioquímica española como campos con entidad y proyección, formó a profesionales y contribuyó a llevar la bioquímica al ámbito clínico, donde su utilidad es enorme. Su papel en la crisis del aceite de colza demuestra algo que no deberíamos olvidar: la ciencia también es responsabilidad pública.
Y aquí va mi opinión directa: necesitamos contar más este tipo de legados y menos relatos vacíos de “superación” sin contexto. La historia de Gertrudis tiene contexto, trabajo, resultados e impacto histórico. No todas las personas que cambian el mundo se convierten en iconos globales. Algunas lo cambian desde un laboratorio, desde una comisión científica, desde la docencia, desde el rigor. Gertrudis fue una de ellas.
Su historia también se ha recuperado en el documental “Gertrudis (la mujer que no enterró sus talentos)”, que ayuda a acercar su figura a nuevas generaciones.
Te lo digo como lo pienso: Gertrudis de la Fuente debería ser un nombre mucho más conocido. No solo por ser mujer en ciencia (que ya sería motivo suficiente para revisitar su historia en un país que ha invisibilizado a tantas), sino por la calidad de su trabajo, por su papel en la bioquímica española y por su contribución en un momento crítico de salud pública.
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Porque cuando una historia así se cuenta bien, no solo informa. También cambia la mirada de quien la lee.
#nolaolvides
