Marina Vega de la Iglesia: La espía que desafió a Hitler desde Madrid

A ver, seamos sinceros: cuando pensamos en espías de la Segunda Guerra Mundial, nos vienen a la cabeza gabardinas en Londres o tipos con acento raro en Berlín. Pero casi nadie te cuenta que en el Madrid de los años 40, en plena calle San Bernardo, una joven cántabra de diecinueve años le estaba echando un pulso al mismísimo Hitler mientras el resto del país miraba para otro lado. He leído testimonios sobre Marina Vega de la Iglesia y, la verdad, su historia te vuela la cabeza. No es solo una biografía; es la prueba de que, cuando se ponía la cosa tan fea, hubo quien no se amilanó. Tengo muchas ganas de que conozcas a la única mujer que formó parte de la red española de las Fuerzas Francesas Libres, una auténtica «soldado sin uniforme» que no se andaba con chiquitas.

Al investigar sus raíces, me llamó mucho la atención que Marina no era una agente improvisada. Nació en marzo de 1923 en Castro-Urdiales, aunque ella siempre se sintió muy ligada a Torrelavega . Creció en una familia con «posibles», pero sobre todo con unos ideales de hierro. Su padre, Alberto Vega, no era un cualquiera: fue un abogado de prestigio, registrador de la propiedad y hasta magistrado del Tribunal de Garantías Constitucionales durante la República. Pero claro, en aquella época, ser un republicano convencido y masón significaba que, tarde o temprano, las cosas se iban a torcer.

Con solo catorce años, y mientras en España estallaba la Guerra Civil, sus padres tomaron la decisión de enviarla a París con unos amigos para protegerla. Me impresionó leer cómo pasó su adolescencia allí, aprendiendo a marchas forzadas lo que significaba estar lejos de los suyos. Cuando la Segunda Guerra Mundial llamó a la puerta de Francia y la familia que la acogía decidió poner tierra de por medio yéndose a México, Marina tuvo que elegir. Y aquí es donde vemos su primer rasgo de carácter: decidió volver a España sola, en un vagón de ganado, porque no podía soportar estar separada de sus padres. Al llegar, se encontró con un panorama desolador: su padre estaba en una cárcel de Cádiz y su madre vivía escondida para evitar la represión.

Lo que más me fascina de su historia es cómo llegó a convertirse en la única mujer española integrada en la sección española de las Fuerzas Francesas Libres de De Gaulle. Operaba bajo el nombre clave de la «Base España», con sede en un piso de la calle San Bernardo en Madrid. Marina fue clasificada como Agente P2, lo que en el argot de inteligencia significa que era una profesional con dedicación exclusiva, llegando a ostentar el rango de subteniente.

Su rutina no tenía desperdicio. Me la imagino haciendo esos dos viajes semanales a la frontera francesa, jugándose el tipo en cada control ferroviario. Llevaba fajas pegadas al cuerpo donde escondía desde microfilmes con información militar hasta fondos económicos para la resistencia francesa. Pero lo más heroico era su labor con los «evadidos». Ayudó a cientos de personas a cruzar los Pirineos: judíos que huían del horror nazi, aviadores aliados derribados y agentes que necesitaban desaparecer. Tenían toda una red montada en Madrid: desde sastres que les hacían trajes para que no parecieran fugitivos hasta médicos que les atendían en pisos francos.

Hay un detalle en sus testimonios que me puso los pelos de punta. Marina contaba que siempre llevaban una pastilla de cianuro en el bolsillo. Era un seguro de vida a la inversa: si el peligro pasaba, la escupías; si te atrapaban y sabías que te iban a hacer hablar mediante torturas, la tragabas. Esa era la sangre fría que manejaba una muchacha que apenas estaba empezando a vivir.

Cuando la guerra terminó en 1945, muchos pensaron que Marina colgaría los hábitos de espía, pero nada más lejos de la realidad. Se convirtió en lo que ella misma llamaba un «soldado sin uniforme». España se había llenado de alemanes nazis y colaboracionistas del régimen de Vichy que buscaban impunidad bajo la protección de la dictadura de Franco.  Marina se dedicó a rastrear sus huellas, a localizarlos en sus nuevos negocios o residencias de lujo. Y aquí es donde la historia se pone interesante: ella misma reconoció que hicieron una buena escabechina de criminales de guerra. Según sus palabras, a muchos de estos tipos los metían directamente en el maletero del coche y los mandaban para Francia para que rindieran cuentas ante la justicia .

Finalmente, en 1950, Marina decidió que era hora de volver a casa de verdad para cuidar a su padre, que había salido de prisión físicamente quebrado. Me resulta increíble pensar cómo una mujer que había sido condecorada por la República Francesa con la Medalla de la Resistencia y la Cruz del Combatiente tuvo que pasar las siguientes décadas mimetizada en la sociedad franquista para sobrevivir.

Marina falleció en junio de 2011, pero se llevó consigo secretos que solo ahora estamos empezando a valorar en su justa medida. Para nosotros, en nuestra misión de que no se olvide a quienes lucharon por la libertad, Marina es un faro. No fue una heroína de película de Hollywood; fue una mujer de carne y hueso que, ni corta ni perezosa, decidió que no podía quedarse quieta mientras el mundo se desmoronaba.

Me quedo con una reflexión suya que explica por qué su nombre tardó tanto en salir a la luz. Marina decía que la parte más interesante de su vida no la podía contar, porque hay cosas que es mejor que no se sepan, sobre todo porque los hijos y los nietos de aquellos nazis y espías todavía viven entre nosotros. Para ella, el código del espía era sagrado: «Las espías hablamos poco pero no mienten, como mucho omiten» . No es que quisiera ocultar la verdad por capricho, sino que entendía que el silencio es, a veces, la herramienta más poderosa de un agente.

Si te has quedado con ganas de más, te aseguro que el documental de Radio Nacional sobre su vida no tiene desperdicio; es la mejor forma de escuchar su voz y entender la magnitud de su sacrificio.

Documentos RNE – Marina Vega de la Iglesia, espía contra el fascismo: https://www.rtve.es/play/audios/documentos-rne/espia-marina-vega-iglesia/16938544/

#nolaolvides

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